Homo sapiens, el "hombre sabio", la especie que en la cima de su civilización ha deteriorado tanto el habitat que lo sustenta que de forma inverosímil ha puesto en riesgo su propia supervivencia. La especie que ha llevado a la desaparición a muchas otras que han tenido la mala fortuna de ser coetáneas suyas. La que está dañando, quizá de forma irremediable, su delicado legado genético mediante la contaminación consciente de sus alimentos, del agua que consume y del aire que respira, o bien directamente mediante manipulaciones irresponsables de las características genéticas de las especies de su entorno sin las necesarias pruebas de inocuidad a largo plazo. En fin, la especie que destruye, contamina y pone en peligro su propia existencia, no parece que sea tan sapiens como su denominaciuón indica.
Parece impensable que esta especie pueda dar paso directamente a aquella otra que traspasará las actuales barreras de la física y llevará el aliento homo a galaxias aún desconocidas. La especie viajera, homo viator, si llegara a existir, no debería parecerse demasiado a sapiens. Las disimilitudes que podemos razonar o incluso imaginar se nos antojan insalvables. No es verosímil que las diferencias religiosas, con "pueblos elegidos", los prejuicios de raza o nación, la misma existencia de las naciones tal como son hoy en día o las diferencias económicas y estructuras de las clases sociales, sean exportables o constituyan el tejido que soporte el enorme desarrollo humano necesario para la aparición de viator.
Las obras de ciencia ficción (algunas magníficas, por cierto) que presentan civilizaciones galácticas con las mismas estructuras sociales, económicas o de poder que las actuales, sin mas cambios que la escala, son solo eso, obras de ficción.
La "discontinuidad tecnológica", el hallazgo de la "Teoría del todo" o de aquellas transformaciones cuánticas o de otro tipo aún no imaginado que hagan posible la tecnología que permita trasladar a los humanos a otros espacio-tiempos, a otros Universos quizá, deberán ir acompañadas de otro tipo de transformaciones mas profundas sin cabe. Estos seres, nuestros descendientes, habrán de sufrir cambios físicos, mentales y espirituales que aún no podemos ni vislumbrar. Pero si podemos imaginar cual sería su relación con lo grande y con lo pequeño de este Universo, con la materia, con la energía y con el tiempo. Y se nos antoja algo infinitamente lejano, fuera de nuestro alcance. Por ahora.
Sin embargo cabe tener la certeza de algo: Habrán desarrollado enormemente una cualidad humana que todos poseemos y no muchos valoran, la conciencia. Pero habrá de ser tal la evolución de esta conciencia (personal y global) que provocará la aparición de una nueva especie, la que posibilitará la continuidad entre sapiens y viator. Parece apropiado llamarle homo consciens. El hombre consciente. El "hombre sabio" ha de convertirse necesariamente en el "hombre consciente". No es suficiente con que sepa, es necesario que conozca y que comprenda. Devolver a nuestro ambiente su equilibrio global, con la conciencia de que pertenecemos a él, de nuestra posición en el mundo, será imprescindible para la gran transformación que supondrá el advenimiento del homo viator.
Existe una convergencia desde todas las ramas del pensamiento, desde la conciencia universal budista hasta el concepto de "gaia" de Lovelock; desde el panhumanismo que subyace en la solidaridad de todas las ONGs hasta la nueva sensibilidad colectiva que empieza a emerger como consecuencia del daño directo y brutal que ciertas catástrofes ecológicas producidas o favorecidas por el hombre estan provocando. El concepto de globalidad se hace paso contraponiéndose al de globalización. Este parece ser el camino. Camino lleno de dificultades creadas por la codicia y el egoismo, por la ignorancia y la despreocupación culpable. Lleno de supercherías y charlatanes, pero tambien, desde todos los rincones de la sensibilidad espiritual humana, de gestos luminosos que señalan la aparición de una conciencia panhumana universal. Algunos la esperamos con impaciencia.
